Entrevista a José Luis Trullo

Hablar de José Luis Trullo es hablar de una de las personas que más han contribuido al estudio y a la difusión del aforismo en España en los últimos tiempos. Con independencia de su interesantísimo trabajo como escritor, su labor editorial al frente de Libros al Albur y, sobre todo, la administración de la página web El Aforista nos han dado la posibilidad de disfrutar de unos materiales de referencia obligatoria para los que estamos atrapados por este maravilloso género breve.

 

¿Cómo y cuándo empezó tu interés por el aforismo?

Con la lectura de un libro de apuntes de Peter Handke, un diario
literario, titulado El peso del mundo. Yo tenía 22 años. Aquella
capacidad de suscitar, con una sola frase, un sinfín de armónicos
significativos, me partió la cabeza en dos. Nunca ha vuelto a
suturarse…

Me gustaría saber qué es para ti un aforismo.

Un aforismo es una frase (o unas pocas, pero no demasiadas) que se
niega a mostrar todas sus cartas, porque juega a su propio juego…
que enseguida descubrimos que es el nuestro. Un aforismo es una
insularidad compartida.

En los últimos tiempos he detectado la publicación en las redes
sociales y programas de mensajería de un gran número de frases de
consumo rápido y masivo. Al hilo de este fenómeno, cuáles crees que
son los peligros fundamentales que acechan a su escritura.

El que se cierne sobre cualquier fenómeno (literario o no) que cae
en manos de las masas voraces: el de ser reducido a un producto de
consumo rápido y banal. Ya está ocurriendo.

En una librería, ¿en los anaqueles de qué sección crees que deberían
encontrarse los libros de aforismos?

El que un librero (o un bibliotecario) no lo tenga claro es uno de
los últimos placeres que le queda al aforista: saberse ex-céntrico,
difícil de ubicar, forastero a los sistema usuales, incluso a los que
puedan venir. Brindo porque esa desubicación nunca termine, porque es
un privilegio del que, en nuestra época que todo lo califica y
clasifica, pocos pueden presumir.

¿Crees que, de algún modo, el aforismo es un género terapéutico?

Para mí, por mi forma de usarlo, lo fue y lo sigue siendo. Manuel
Neila ha tildado al aforista de “higienista” del lenguaje. Creo que
también lo es del pensamiento. Escribir y leer un aforismo nos obliga
a someternos a una suerte de ayuno forzado: pan y agua, papel y lápiz,
intuición y reflexión… y ya. Aunque a mí me gusta más ver, en la
escritura aforística, una suerte de alquimia integral: verbal,
intelectual y también espiritual.

Una pregunta obligada: ¿Cuáles crees que son las causas del auge
actual del aforismo?

Casi todo mundo lo sabe: las prisas, la urgencia por una rápida
satisfacción y de una comunicación eficiente entre personas que
comparten pocos referentes comunes… Sin embargo, esa sólo es la
cáscara del fenómeno. Yo prefiero creer que el aforismo -y, en su
terreno, también el haiku- es uno de los últimos reductos de la
ambigüedad, de la polisemia, del encanto mágico del lenguaje. En un
mundo obsceno, pornófono, donde todo está la vista de manera tangible
y unívoca, los géneros breves suscitan una atracción casi sensual: la
de aquello que no se da del todo, que se reserva lo esencial. Pero
igual son imaginaciones mías…

¿Piensas que el auge actual del aforismo nos está llevando al sobreuso
de ciertas formas estereotipadas en su creación?

 La sociedad industrial lo sobreexplota todo: incluso los acuíferos.
¿Cómo se iba a librar un género tan indefenso como el aforismo? Pero
si te refieres a cierto “amaneramiento formulario”, lo que Carmen
Camacho ha llamado aforismos “de carril”, sí, sin duda, es así: casi
todos los autores de aforismos son intercambiables, hasta el punto de
que muchos han escrito los mismos aforismos, sin haberse leído los
unos a los otros. Eso ya debería ser una señal de alarma… o no, aún
debo sopesarlo.

¿Qué nuevos territorios crees que puede explorar en el futuro el
género aforístico?

En un artículo sobre Canetti que publiqué en El Aforista hablaba de
ese “más allá del aforismo” que debe suponer la sucesión natural de
las actuales formas breves. El ‘apunte’, el aforismo reconcentrado,
apenas intuido, la pincelada todo denotación, casi sin referentes ni
asideros, abismal… ese debe ser el aforismo del futuro.

¿Consideras que el aforismo tiene la importancia que se merece en
relación con otros géneros?

 El hecho de que el aforismo siga siendo el pariente pobre de los
géneros literarios, aquel al que miramos casi con piedad, cuando no
con cierta conmiseración, creo que lo protege -hasta cierto punto- de
muchos males que aquejan a otros géneros “mayores”. Pero ese
paradójico privilegio puede cesar en cualquier momento. Estemos
atentos. Por nuestra parte, asumir cierta posición marginal respecto a
la industria puede ser la mejor forma de subsistir sin perder el
rumbo. De hecho, los principales focos de irradiación del aforismo
actual en España son las editoriales pequeñas. Yo las bendigo.

Y, por último, ¿cuáles son las alegrías y los sinsabores que te ha
deparado el desarrollo de un proyecto como El Aforista?

Sarna con gusto no pica, así que… sólo alegrías. Y la alegría es
la fuente de la vida y de la sabiduría.

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